Las Navidades posteriores a mi divorcio, cuando llegué a casa cargada con hordas de juguetes para mi hijo, recuerdo que me congeló con unos ojos que miraban desde decenios posteriores y me dijo:
-La felicidad no se compra. Se conquista.
Las Navidades posteriores a mi divorcio, cuando llegué a casa cargada con hordas de juguetes para mi hijo, recuerdo que me congeló con unos ojos que miraban desde decenios posteriores y me dijo:
-La felicidad no se compra. Se conquista.
Esto es lo que nunca debería pasarle a un periodista.
Reflexionando sobre el mundo de la publicidad, sobre sus engaños, sus estrategias, sus posibilidades y sus encantos, he llegado a una conclusión. Aunque estudie publicidad, y pueda decir con mayor o menor acierto cómo nos venden la moto, sigo siendo la más gris de entre las grises piezas de la masa manipulada.
Mientras tanto, por lo menos puedo reirme de los publicistas (o publicitarios, según mi profesor) con Muchachada Nui.
Esto sí es impresionante.
En los informativos de la CNN conectaron con su corresponsal en Chicago para que les informara sobre el desarrollo de las elecciones. Conectaron vía holograma.
El lenguaje es el instrumento de la inteligencia. Nadie podría interpretar bien El concierto de Aranjuez con una guitarra desafinada, nadie podría jugar con auténtica destreza al billar si manejase un taco defectuoso. Quien domine el lenguaje podrá acercarse mejor a sus semejantes, tendrá la oportunidad de enredarles en su mensaje, creará una realidad más apasionante incluso que la realidad misma. Pero son muy pocos ahora los periodistas que se lo proponen.
Álex Grijelmo, El estilo del periodista