La publicidad es la madre de todas las cosas

6 05 2009

Los seguidores de la escuela de Chicago sabían que toda información tiende a ser propaganda. Pero al contrario que sus planteamientos, donde la propaganda resultaba necesaria para un buen sistema democrático, hoy día no es difícil entender que toda forma de propaganda, sobre todo cuando se practica por medios sutiles, no es más que un obstáculo más, aunque quizá inevitable, en el camino que lleva a la democracia.

Democracia, claro, entendida como unión de ciudadanos críticos, que analizan, reflexionan y deciden las pautas de su modelo de gobierno. Sin embargo, en la democracia del espectáculo, de los fuegos fatuos, donde la publicidad condiciona casi todos los aspectos vitales, es inevitable que los gobiernos, con el hipotético derecho que les otorga haber sido elegidos por una masa social con la que se comunican a través de unos medios regidos, nuevamente, por la publicidad, recurran a la misma para transmitir sus mensajes a la sociedad.

Vivimos en un sistema, por tanto, en el que no nos resulta extraño que un gobierno, un estado, se publicite, es decir, recurra a técnicas comerciales para conseguir la adhesión de la gente. Ya sea a través de spots televisivos, publicidad exterior o correo ordinario, la normalidad ha impuesto un modelo en el que las mismas empresas que hacen la publicidad de un coche, la hagan de un Estado.

Y todo ello, por cierto, aportando pingües beneficios al sistema mediático, que tiene en las instituciones un buen cliente al que vender sus espacios publicitarios.

Y yo me pregunto, si nos indignamos ante la descarada propaganda fascista o comunista, en todo caso dictatorial, cuyo gobierno trataba a sus ciudadanos como Paulov a sus mascotas, ¿no deberíamos abrir una reflexión sobre la legitimidad de un gobiernos para seguir inyectándonos sus dosis de propaganda, en este caso filtradas a través de un sistema (el mediático) cuyos intereses parecen únicamente mercantilistas?

¿No habremos pasado del totalitarismo de Estado al totalitarismo de mercado?

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¡Yo fui un creativo adolescente!

17 11 2008

Reflexionando sobre el mundo de la publicidad, sobre sus engaños, sus estrategias, sus posibilidades y sus encantos, he llegado a una conclusión. Aunque estudie publicidad, y pueda decir con mayor o menor acierto cómo nos venden la moto, sigo siendo la más gris de entre las grises piezas de la masa manipulada.

Mientras tanto, por lo menos puedo reirme de los publicistas (o publicitarios, según mi profesor) con Muchachada Nui.








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