Que en España existe un terreno vedado para la libertad de expresión es evidente. Que a nuestra democracia le queda un (¿último?) espacio por conquistar es igualmente obvio. No podremos sentir que la ciudadanía elige a sus representantes mientras el jefe de Estado sea escogido por algo tan medieval como la sangre.
Si a este, además, le sumamos una radiotelevisión pública que no hace sino redundar en el statuquo impuesto, ocurre lo que ocurrió el miércoles.
Sugiero al lector que vea estos dos videos. Uno corresponde al recibimiento a los reyes en Mestalla que emitió TV3, en riguroso directo. El otro, al tratamiento del mismo hecho por parte de Televisión Española.
En cuanto empieza a sonar el himno (y los pitos), TVE conecta con San Mamés. Y cuando, en el intermedio, decide emitir lo que ha pasado, baja el sonido ambiente para que se escuche bien el himno, mientras enfocha a un vasco con la mano en el pecho.
Qué despropósito. Si Laswell levantara la cabeza vería que todo sigue igual.

